Siempre que comienzo a escribir en un blog me turbo. Hay algo en escribir un post que me causa cierta ansiedad, quiero que las palabras sean las apropiadas... no sólo por el posteo, en realidad soy algo obsesiva por buscar las palabras que precisamente expresan lo que quiero decir. Este claramente no es mi primer blog aunque pretendo que sea aquél en el que me ensaño cuanto quiero. El primero que tuve fue en blogger y lo alteré un millón de veces, buscando el diseño apropiado o que más me gustara... ya dije pienso en imágenes y siempre quería que mi blog se viera como yo me sentía, o que de alguna manera reflejara lo que soy, el problema estaba en que eso que se supone que soy no es definible. No es que no existan las palabras, no está hablando mi ego, sino que asumo que no soy estática. Soy como el resto del universo: variable, perfeccionable y evolutivo. Si me ocurre algo eso me afecta, no soy una roca y no intento serlo. Hay un algo, podríamos decirle esencia, que es invariable y que hace que yo siga siendo de una cierta manera reconocible, mi cuerpo no es estático tampoco ni mi habitación y mucho menos mi vida. Siempre pasa algo y esto quizás sea lo realmente fijo: siempre hay algo que pensar. Lo que le proporciona cierta entretención a mi inquietud y a los nervios, que cuando estoy sentada en un lugar leyendo, son imperceptibles a la vista. Pero están ahí, como ahora mientras bebo un té de jazmín y escucho algo de música, mis nervios me siguen a todas partes...